Tots els textos

De Geliefden (Vicent Andrés Estellés)

Er waren te Valencia geen twee geliefden zoals wij.

Van ‘s morgens tot ‘s avonds beminden wij elkaar mateloos. 

Daar denk ik aan terwijl je wasgoed te drogen hangt. 
Jaren, vele jaren gingen voorbij; er is veel gebeurd. 
Soms word ik nog plots door die wind of liefde gegrepen 
en dan rollen wij over de grond tussen omhelzing en kussen. 
De liefde is voor ons niet als een lieftallige gewoonte, 
als een vreedzaam bedrijf van plichtpleging en weefsels 
(de heer Lopez-Pico moet het ons maar vergeven). 
Eensklaps ontwaakt ze, als een oude stormwind 
en gooit ons beiden ter aarde, verenigt ons en jaagt ons 
verder. Soms verlangde ik wel naar een fatsoenlijke liefde 
met de platendraaier op gang terwijl ik je vluchtig kuste, 
nu eens op je schouder, dan weer op een oorlel. 
Onze liefde is echter een woeste, ongeremde liefde 
en wij zijn bezeten van het bitter verlangen naar aarde 
en houden van het rampetampen tijdens het kussen en het krabben. 
Wat doe je eraan? Ik weet het: het is erg triviaal. 
Wij kennen Petrarca niet en vele dingen kennen wij niet 
Net zo min kennen wij Estances van Riba noch de Rimas van Bécquer. 
Daarna, als wij zomaar op de grond liggen, dringt het 
tot ons door dat wij platvloers zijn, dat dit niet hoort, 
dat dit niet past bij onze leeftijd, enzovoort. 
Er waren te Valencia geen twee geliefden zoals wij, 
want geliefden zoals wij worden er weinig geboren.

Versió holandesa d'Els amants (Vicent Andrés Estellés)

Traduït per Bob de Nijs


Enterrar a los muertos (Ignacio Martínez de Pisón)

De camino hacia la nueva capital de la República, José y Coco Robles se desviaron hacia Alicante para recoger a Márgara y Miggie. Por razones de seguridad eran numerosos los madrileños que habían enviado a sus familias a la entonces tranquila ciudad levantina. La mujer y la hija de Pepe permanecían en Alicante desde finales de agosto, y en el mismo hotel en el que estaban instaladas, el Hotel Samper, coincidieron con los hijos del torero Belmonte y con un hijo del ministro Negrín llamado Rómulo. Cuando por fin Pepe y los suyos llegaron a Valencia, el aluvión de evacuados y funcionarios que acompañaba al gobierno era tal que, según algunas fuentes, la población de la ciudad se había tripli­cado. No había viviendas suficientes para tanta gente, y los recién llegados debían conformarse con encontrar acomodo en pueblos situados a más de veinte kilóme­tros del centro o hacinarse en pisos abandonados por sus propietarios. En aquel primer momento, los Robles fueron acogidos por una familia de la ciudad.

En Valencia, José Robles prestaba sus servicios como traductor en el Ministerio de la Guerra y en la embaja­da soviética, que se había instalado en el edificio del Hotel Metropol, justo enfrente de la plaza de toros. Des­pués de comer tenía por costumbre acudir al Ideal Room, en la esquina de las populares calles de la Paz y Comedias, cerca del antiguo Hotel Palace, convertido en Casa de la Cultura. Max Aub nos dejó una breve des­cripción del café: «Los veladores de mármol lechoso, el piso de baldosines blancos y negros, los espejos que re­cubren las paredes, los ventiladores que cuelgan del techo.» Y Esteban Salazar Chapela escribió: «Entrar por la tarde en el Ideal Room no era como entrar en La Gran­ja, en el Lyon o en el Regina, cafés literarios y artísticos madrileños; era como entrar en esos tres cafés a la vez, pues en el Ideal Room se encontraban siempre elemen­tos de las peñas de todos ellos.» Las principales tertulias madrileñas reunidas en un mismo lugar: ¿con qué otra cosa podía soñar alguien como Pepe Robles? En el Ideal Room se daban cita muchos de los intelectuales y artistas locales, pero sobre todo muchos de los que estaban de paso por la ciudad. Entre los primeros se puede citar al conocido cartelista José Renau y a su mujer, Manuela Ballester (colaboradora de la editorial Cenit y autora, por ejemplo, de la cubierta de Babbitt); entre los segundos, a Corpus Barga, Rosa Chacel, David Alfaro Siqueiros... Algunos de los asiduos eran viejos amigos de Ro­bles: León Felipe, al que Salazar Chapela se encontraba una y otra vez por la calle de la Paz, Francisco Ayala, que estaba en Valencia debido a su cargo en la secreta­ría del ministro Álvarez del Vayo, o Rafael Alberti, que viajaba con frecuencia a la ciudad y había cambiado su chalina y su sombrero de poeta por el mono y las alpargatas de los milicianos. También en el Ideal Room solían encontrarse corresponsales extranjeros y miembros de legaciones diplomáticas, y parece ser que Pepe Robles mantenía cierta amistad, entre otros, con Herbert L. Matthews, de The New York Times, y con el agregado cultural de la embajada norteamericana. En sus memo­rias, Ayala recuerda que, una tarde de principios de diciembre, Robles faltó a su tertulia y nunca más se le vol­vió a ver. La imagen que le quedó grabada al escritor granadino fue la de una angustiada Márgara Villegas que, de la mano de sus dos hijos, iba «de un sitio para otro, preguntando, averiguando, inquiriendo siempre sin el menor resultado»

Enterrar a los muertos, Ignacio Martínez de Pisón, pàg 11, 2005, Seix Barral

La cocina valenciana (Manuel Vázquez Montalbán)

Para la mayor parte de los españoles, la cocina valenciana se reduce a la paella. Y si preguntamos qué entienden por paella, te dan la receta de un plato que ningún valenciano reconocería como tal paella. La paella internacionalizada es un guiso de arroz en el que se mezcla carne y pescado y cualquier vegetal, con la excepción del plátano. En cambio los valencianos sólo reconocen como auténtica una paella del interior, hecha con pollo, conejo y bajocons (unas judías muy anchas características de la zona). A esta paella rudimentaria se le echan unos cuantos caracoles cuando es su tiempo, nunca cuando hibernan.

Pues bien, si Valencia ha tenido la mala suerte de que su plato más característico haya sido desvirtuado (excelentemente desvirtuado en ocasiones, todo hay que decirlo), poca suerte podía esperar para sus restantes variedades gastronómicas, y en especial para sus guisos de arroz. Seijo Alonso ha censado hasta cien arroces hechos en paella, cazuela o caldero. El utensilio es capital para la textura final del plato. La paellera, sartén con asas, deja el grano de arroz suelto, seco, ensimismado. Los otros utensilios posibilitan un arroz más meloso pero igualmente entero, porque el arroz en cuanto se abre y ablanda deja de ser lo que es y se convierte en una pulpa incomestible.

Que nadie se extrañe si el recetario de arroces es aplastante en relación con otros platos. El arroz llegó a España en la Baja Edad Media y se instaló en distintas zonas, pero cuajó definitivamente en Valencia y las desembocaduras en delta de otros ríos mediterráneos. La importancia cualitativa y cuantitativa alcanzada por el cultivo del arroz en Sevilla, junto al Guadalquivir, es más reciente. El arroz es el maná básico de la alimentación valenciana, como lo es para los pueblos del sudeste asiático. Es impresionante comprobar la riqueza de imaginación empleada por el pueblo valenciano para hacer tantas combinaciones posibles sobre la base del arroz. De hecho han experimentado culinariamente con arroz y todo lo que crece o se mueve sobre la faz de la tierra.

Arroz y anguila. Estos son los dos ingredientes que más carácter dan a una cocina excepcional, a la que hay que añadir una dulcería de origen árabe rica en variaciones. Basta recorrer un camino de tres o cuatro kilómetros para encontrar dos maneras diferentes de hacer cualquier dulce tradicional. En ocasiones, unos le ponen anís y otros aguardiente. Uno u otro ingrediente ocupan su sitio desde los más remotos tiempos y, sin duda, no tuvieron otro sentido que las leyes de la necesidad. Donde había anís, le ponían anís. Donde había aguardiente, le ponían aguardiente.

 

"Las cocinas de España", de Manuel Vázquez Montalbán, editorial Sedmay, 1981

Les Amants (Vicent Andrés Estellés)

La chair convoite la chair, Ausiàs March

IL N'y avait pas à Valence deux amants comme nous.

Nous nous aimions férocement du matin au soir.
Je me souviens de tout cela pendant que tu étends le linge.
Des années ont passé, beaucoup d’années; il s’est passé beacoup de choses.
Soudain aujourd’hui encore le vent de jadis ou l’amour m’envahissent
et nous roulons par terre dans l’étreinte et les baisers.
Nous n’entendons pas l’amour comme une coutume aimable,
comme une habitude pacifique faite d’obligations et de beau linge
( et que le chaste M. López-Picó nous en excuse ).
Il s’eveille en nous, soudain, comme un vieil ouragan,
et il nous fait tomber tous deux par terre, nous rapproche, nous pousse.
Je souhaitais, parfois, un amour bien poli
et le tourne-disques en marche, et moi qui t’embrasse négligentment,
d’abord l’épaule et ensuite le lobe d’une oreille.
Notre amour est un amour brusque et sauvage,
et nous avons la nostalgie amère de la terre,
de nous rouler dans les baisers et les coups d’ongles.
Que voulez-vous que j’y fasse. Elémentaire, je sais.
Nous ignorons Petrarque et nous ignorons beaucoup de choses.
Les Estances de Riba et les Rimas de Becquer.
Après affalés par terre n’importe comment,
rous comprenons que nous sommes des barbares, et que ce ne sont pas des manières,
que nous n’avons plus l’âge, et ceci et cela.

Il n’y avait pas à Valence deux amants comme nous,
Car des amants comme nous on n’en fait pas tous les jours.

 

Versió francesa d'Els amants (Vicent Andrés Estellés)

Ljubavnici (Vicent Andrés Estellés)

Tijelo želi tijelo, Ausiàs March

U Valenciji nije nam bilo ravnih.

Žestoko se voljesmo od jutra do mraka.
Prisjećam se svega dok rastireš rublje.
Silne su godine prošle; svašta se zbilo.
Još me zgrabi onaj vjetar ili ljubav
pa se grleć i ljubeć valjamo po tlu.
Za nas ljubav nije dražesna navika,
umjerenost, lijepe manire i odijela
(nek nam oprosti čistunac López-Picó).
Odjednom se budi, ko stari uragan,
i baca nas na tlo, spaja nas i gura.
Poželjeh, tu i tamo, uglađenu ljubav,
da ti uz zvuk gramofona ovlaš ljubim
najprije rame, a potom resicu uha.
Ljubav je naša ljubav gruba i divlja,
za tlom ćutimo gorku čežnju što plazit
nas po njemu goni, ljubeć se i grebuć.
I što se tu može? Priprosto je, znam već.
Za Petrarcu ne znamo, ni za mnogo tog.
Za Ribine Stance i Bécquerove Rime.
A potom, nehajno opruženi na tlu,
shvaćamo da smo barbari, da nije red,
da već smo u godinama, i tako to.

U Valenciji nije nam bilo ravnih,
jer takvih ljubavni


Versió croata d'Els amants (Vicent Andrés Estellés)

Los Amantes (Vicent Andrés Estellés)

La carne quiere carne, Ausiàs March

No había en Valencia dos amantes como nosotros.

Ferozmente nos amábamos de la mañana a la noche.
Lo recuerdo todo mientras tiendes la ropa.
Han pasado años, muchos años; han pasado muchas cosas.
De pronto aún me atrapa aquel viento o el amor
y rodamos por el suelo entre abrazos y besos.
No comprendemos el amor como una costumbre amable,
como una costumbre pacífica de cumplidos y telas
(y que nos perdone el casto señor López-Picó).
Se despierta, de pronto, como un viejo huracán,
y nos tumba a los dos en el suelo, nos junta, nos empuja.
Yo deseaba, a veces, un amor educado
y el tocadiscos en marcha, negligentemente besándote,
ahora un hombro y después el lóbulo de una oreja.
Nuestro amor es un amor brusco y salvaje,
y tenemos la añoranza amarga de la tierra,
de andar a revolcones entre besos y arañazos.
¡Qué queréis que haga! Elemental, ya lo sé.
Ignoramos a Petrarca e ignoramos muchas cosas.
Las Estancias de Riba y las Rimas de Bécquer.
Después, tumbados en el suelo de cualquier manera,
comprendemos que somos unos bárbaros, y que esto no puede ser,
que no estamos en la edad, y todo esto y aquello.
No había en Valencia dos amantes como nosotros,
porque amantes como nosotros se han parido muy pocos.


Versió castellana d'Els amants (Vicent Andrés Estellés)

Lovers (Vicent Andrés Estellés)

Flesh craves flesh (Ausias March) 

Never were there in València two lovers like us.

We loved ferociously, from morn 'til night.
I recall everything, as you hang out the clothes.
Years have passed, many years: many things have happened.
Suddenly that wind, or love, seizes me still
And we roll on the ground amidst embraces and kisses.
We do not know love as a loving custom,
As a quiet custom of politeness and finery
(and may the chaste López-Picó pardon us).
Love, It awakens suddenly, like an old hurricane,
it throws us to the ground, it joins us together,
squeezing us tightly.
Sometimes I desired a courteous love,
With the gramophone on, kissing you idly,
Now a shoulder, next an ear lobe.
Our love is a brusque and savage love
And we feel a bitter yearning for the earth,
Of rolling upside down amidst kisses and clutches.
I'll say it clear. Primal, ... I know it.
We ignore Petrarch's work, we ignore many things.
The stanzas of Riba, the rhymes of Bécquer.
Afterwards, lying somehow on the ground,
We realise that we are barbarous, that this may not be,
we are not in the right age, and this and that.
Never were there in València two lovers like us,
Lovers like us are just not born !


Versió anglesa d'Els amants (Vicent Andrés Estellés)

Translation by Jack H. Smith, Professor Emeritus at the University at Albany, NY)


Renta limitada (Carlos Pérez)

Hace treinta años trabajé en el barrio de La Fuensanta, un conjunto de viviendas que se construyeron en 1958 para realojar a las familias afectadas por la terrible inundación que, el año anterior, había sufrido Valencia. El nombre de “La Fuensanta” (que hizo caer en el olvido el de San Miguel de Soternes, como anteriormente se conocía el lugar) fue un reconocimiento a la solidaridad que, ante la catástrofe, había demostrado la gente de Murcia, a través de La gran subasta, un programa organizado por la emisora Radio Juventud de esa ciudad que presentó y animó (con la colaboración de Carmen Sevilla) el locutor Adolfo Fernández, hoy diputado del PP por esa demarcación. Sobre el mencionado barrio, en franca decadencia urbana cuando lo conocí, se comentaba (como de tantos otros) distintas anécdotas que han llegado a constituir todo un repertorio de lo que se ha dado en denominar “leyendas urbanas”. Es decir, había quien aseguraba haber visto subir, por medio de poleas, a un burro al tercer piso de uno de los bloques y, asimismo, había quien confirmaba que los autobuses daban la vuelta sin entrar en el barrio o que la comisaría de la Policía Local estaba permanentemente cerrada, ante el temor de un ataque de los residentes del lugar. Nada de eso era cierto, aunque debo señalar que, un día, comprobé que sucedían cosas un tanto extrañas, ya que un anzuelo, lanzado por unos muchachos que estaban analizando la eficacia de una caña de pescar desde un balcón, rasgó una de las mangas de mi chaqueta. Y también, en otra ocasión, observé que, por el tejado de uno de los bloques, unos tipos fornidos perseguían a un adolescente que había puesto en circulación, sin el consentimiento de los propietarios, el “género” que acababan de importar de Andorra. Pero hechos similares podrían haber sucedido en otros barrios más pudientes Valencia.
El barrio de La Fuensanta fue uno de los últimos proyectos del franquismo que intentó, a imagen y semejanza del programa sobre la vivienda del fascismo de Benito Mussolini, crear distintas “Ciudades del Movimiento”, en las que se superara la lucha de clases construyendo edificios donde convivieran personas de distinto rango social. Se ha dado en considerar que toda esa historia comenzó el 14 de febrero de 1938, cuando el falangista Raimundo Fernández Cuesta, en la reunión de arquitectos celebrada en Burgos (presidida por Pedro Muguruza) subrayó la necesidad de construir, más que edificios, hogares que fueran “el centro de expansión del espíritu, el marco que encuadra a la familia”. La mayoría de los doscientos arquitectos asistentes al acto, muchos de ellos adscritos a las tendencias renovadoras de la década de los treinta del siglo pasado, pusieron sus conocimientos al servicio del nuevo orden establecido (pueden servir de ejemplo, en el caso de Valencia, Cayetano Borso di Carminati y, sobre todo, Javier Goerlich). Sin embargo, el éxito de los proyectos fue efímero y no se plantearon con el saber arquitectónico que demostraron propuestas semejantes de antes de la guerra, como el Barrio de la Dependencia Mercantil o la Finca Roja. Se ha de añadir que, en lo referente a la estética, se emplearon fórmulas muy alejadas del panorama arquitectónico internacional y de la modernidad, con lenguajes muy cercanos al peor casticismo y que formaban parte de lo que José Francisco Yvars ha definido como “la fanfarria de cartón piedra de los estetas del Movimiento”.
Efectivamente, con el tiempo, muchos de aquellos bloques a los que, con toda pompa y circunstancia, se pusieron nombres de altos cargos de Falange y del régimen franquista, se convirtieron en reductos marginales, en auténticos ghettos que fueron rebautizados por los habitantes de la ciudad, como los Grupos Ruiz Jarabo y Cardenal Benlloch-Yecla que, a nivel popular, casi desde que fueron inaugurados, pasaron a llamarse, respectivamente, ”Los desmayaos” y “El corralón”.

 

Pròleg de "Renta limitada. Los grupos de viviendas baratas construidos en la Valencia de posguerra (1939-1964)", de Carlos Pérez, Universitat Politècnica de València. Servei de Publicacions, 2008

Ibn Al'Abbar Albalansi

ابن الابّار البلنسي

 

— D. núm. 186 —

 

València de dolces aigües i dolços fruits.

Abans generosament regada,

reduïda a la misèria ara.

T’estime, i al mateix temps, t’odie,

paratge desolat

on, passada l’època de les dolces fadrines,

la mort regna ara.

I el més sorprenent

és que plore les cases, habitades,

com si d’esborrades ruïnes es tractàs.

 

IBN AL’ABBĀR ALBALANSĪ (València, 1199-Tunis, 1260)

Traducció de Josefina Veglison (1992)

Ibn Khafaja

El tall de les espases ha tacat

de sang ma casa i la seua horta.

Amb sofre i foc li han socarrat la cara.

Qui et mira vessa planys i queda mut!

Has vist fugir de colp els habitants,

València meua, terra desgraciada;

els monuments, enderrocs del destí,

com tu, ciutat, s’afonen i s’esborren.

Ara, jo em sent recitant per als savis

senyors que amb goig i estima la poblaven:

tu ja no ets tu, València, no ets tu;

ja no hi ha cases a les teues cases.

Ai, aquest exili que fa que em senta trist!

Ai, aquest viatge que fa més lluny el que és lluny!

Ai, aquesta separació que em du on vull!

Ai, aquesta casa on cap eco no respon!

Els meus ulls ploren per tu

en no poder ofrenar-te el cor.

 

Ibn Khafaja, d’Alzira (1058-1138)

Andròmines (Rafa Gomar)

En aquestes hores la ciutat està buida. El vianant ha eixit de la Xerea pel carrer Salvador i creuant pintor López ha entrat al pont de la Trinitat el més antic dels que es conserven a la ciutat-, per la vorera de la dreta i l’ha travessat custodiat per sant Tomàs de Villanueva i sant Lluís Beltran. Aquestes dues estàtues, esculpides pel genovès Ponzanefli, van ser traslladades ací en 1947 i, especialment la que representa Tomàs de Villanueva li crida l’atenció per la seua positura forçada i antinatural, típica del barroc, segons diuen alguns, i sospitosament masturbatòria, sobretot tenint en compte la proximitat de les monges, segons el sarcasme irreverent del seu amic Fidel.
Després de creuar el llit del Túria sobre els nou arcs apuntats del pont, s’ha aturat a la cantonada. Enfront mateix, a l’esquerra, s’alça el convent gòtic de la Trinitat. Espera com si el semàfor estigués en roig, mira la porta tancada del convent i recorda haver llegit que en un principi pertanyia als trinitaris però que l’habiten les franciscanes-clarisses procedents del convent de santa Clara de Gandia, des que hi van ser instal·lades per la reina Maria de Castella, esposa d’Alfons V, el Magnànim, la qual resta enterrada al claustre. D’aquest convent, del Reial Monestir de la Santíssima Trinitat, va ser abadessa la insigne humanista i escriptora sor Isabel de Villena.
Després de creuar el marge esquerre del riu, flanqueja la porta del convent per a clergues menors on sant Lluís Beltran va ser mestre, és a dir, el museu Pius V, i s’atura remembrant el goig que li va produir visitar-lo, fa poc, una altra vegada. No es cansa que el blau intens amb estels de la cúpula, la volta i l’amplària de l’entrada, el faça bategar; així com les excel·lents col·leccions del Renaixement i el Gòtic amb els bells retaules dels altars i l’elegància i delicadesa de l’estàtua eqüestre de sant Martí -una veritable joia - que s’hauria d’ubicar a la façana de l’església a què pertany o dins del museu, en un lloc preferent i no en la també bellíssima sala de l’ambaixador Vich.
El vianant voreja la bardissa-reixa dels Vivers i, mentre gaudeix de la frescor dels arbres i els seus passos foraden el silenci reverberant des de la vorera cap al riu, es convenç que el treball i la vida quotidiana l’obliga a transformar-se en zombi i sovint camina per la ciutat com si els carrers i els edificis foren el decorat d’una obra teatral que no li pertany.

 

 

"Andròmines", de Rafa Gomar, editorial Tres i Quatre, València, 2010

Ciutat llum (Maria Fullana)

Els dits són didals de punta negra,
taques de sol, criptes sobre l’iris;
fon la llum tanta brutícia
exquisida; toque eixe fem
que va omplint-me
i cristalitza
en figures
d’atzur,
tanta misèria…!
Surt el polsim
dramàtic dels meus porus,
em fregue amb un telèfon
d’aigua
que m’arruixa
terra;
tem la mà del dia
assenyalant-me, negra,
i l’ull de la gent
que passa per l’andana
enfosquit d’ocellots
ombrívols: no el mussol
atent i savi,
no la merla, sinó
ulls de voltors
sinistres en llur malva.
Ciutat fantasma, m’embruta
el teu plàncton de llum
almivarada,
et tem sense mixtura,
presonera del teu ull,
m’injectes feredat
en la pupil·la. 

Un altre poema desasossegador, publicat al llibre “I escadussers”, València: La Forest d’Arana, 1987

Cos mortal (Vicent Andrés Estellés)

 Així com cell qui és jutjat a mort, Ausiàs March


Trinquet dels Cavallers, La Nau, Bailén, Comèdies,
Barques, Trànsits, En Llop, Mar, Pasqual i Genís,
Sant Vicent, Quart de fora, Moro Zeit, el Mercat,
Mercé, Lope de Vega, Colom, Campanares,
Palau, Almirall, Xàtiva, Cabillers, Avellanes,
Pouet de Sant Vicent, Cavallers, Sant Miquel,
Roters, Sant Nicolau, Samaniego, Serrans,
Rellotge Vell, Sant Jaume, Juristes, Llibertat,
Soledat, Ballesters, Bonaire, Quart de dins,
Blanqueries, Llanterna, l’Albereda, Correus,
Nules, Monteolivet, Gil i Morte, Espartero,
Miracle, Cordellats, Misser Mascó, Minyana,
el Portal de Valldigna, Porxets, Soguers, Navellos,
Querol, Reina Cristina, Mayans i Ciscar, Temple,
Ponts de la Trinitat, del Real, de la Mar,
d’Aragó, dels Serrans, de Sant Josep, de l’Àngel.

I l’Avenida del Doncel Luis Felipe Garcia Sanchiz.

   

+ info: article de Manel Rodríguez Castelló

Estellés a la wikipedia

El somni d'una pàtria de paraules (Josep Piera)

Teodor Llorente Olivares va nàixer el 7 de gener de 1836 a València, al número 29 del carrer dels Serrans, fill de Felicíssim Llorente i de Maria Olivares. La família paterna procedia de la Rioja, però, establerta a València des del començament del segle XVIII, de feia generacions que havia aconseguit una posició social distingida. Felicíssim Llorente era advocat, tot i que «preferí a la carrera del foro el cultiu de l’agricultura», per bé que arribà a ser regidor i alcalde interí de l’Ajuntament de València; no fou cap polític professional, ni un llaurador, és clar, sinó l’administrador de les finques familiars i un estudiós de l’agricultura, o millor de la citricultura, «rama que le proporcionó pingües ganancias», tot arribant a ser «uno de los más entusiastas naranjeros». Els Olivares pertanyien igualment a la classe acomodada; Maria Olivares, a més, era una dona amb estudis, i amb ella de mestra el fill s’inicià en la lectura i el gust pels llibres. El mateix Llorente ho reconegué en una entrevista que li feren de vell: «Mi madre me enseñó a leer en casa».
Teodor Llorente nasqué, per tant, en una bona família valenciana; però en una València convulsa i canviant, marcada per la crisi que provocà la mort del rei
Ferran VII, la regència de Maria Cristina de Borbó (la seua esposa), i tot un seguit d’esdeveniments, quan no de catàstrofes, com les divisions provincials, les desamortitzacions dels béns eclesiàstics, alguna epidèmia de còlera, i, en especial, la primera guerra Carlina, la qual arribà als carrers de la capital provocant tràgics aldarulls, afusellaments, represàlies... Per aquest motiu –la guerra–, Felicíssim Llorente, un home liberal, tot i moderat –tinent de caçadors de la Milícia Nacional, coneguda com «el poble en armes»–, es trobava fent de militar al castell de Sagunt quan li arribà la notícia del naixement del fill. En tornar de permís a casa li mostraren el nadó, i digué a la dona, qui sap si decebut, o amb resignació:
–Mariquita, és lletget!
–Ja es farà bonico! –li respongué ella.
Al pare, aquell bebé no li semblà cap angelet del cel, per bé que a la mare li pareguera un sol. Aleshores, la muller preguntà al marit:
–I quin nom li posarem? Felicíssim?
En la seua candidesa i intimitat domèstiques, l’escena mostra, i demostra, que els Llorente-Olivares parlaven valencià a casa, per bé que la llengua del saber fóra el
castellà. Aquesta situació era la tinguda per normal a València, durant les primeres dècades del segle xix, ja que tant entre l’aristocràcia local com a les cases burgeses es parlaven el valencià i el castellà barrejats amb modismes provinents del francés, de l’italià, o de l’anglés, que eren les llengües de la moda, de l’art, i de la indústria. Entre les classes populars, als carrers de la ciutat, als tallers, als mercats, i a les botigues, el que sonava i ressonava habitualment era un valencià col·loquial, cridaner, i vivíssim. El castellà era tingut, tanmateix, com la llengua del poder; era l’idioma que s’aprenia a l’escola, i amb el qual s’impartia el saber en una societat –la valenciana– on el fet d’expressar-se públicament en castellà, i amb elegància, era vist com un senyal de distinció, mentre que fer-ho en valencià suposava un signe de familiaritat, de proximitat, quan no de vulgaritat, o d’ignorància. Pel que fa a l’escriptura, si bé en el món religiós se seguia usant el llatí com a llengua ritual, en el civil, i en la literatura, religiosa o profana, el castellà es considerava el llenguatge de la llei: era «la lengua del imperio», per molt que, de l’antic colonialisme hispànic, en quedaven només les restes: Puerto Rico, Cuba, les Filipines..., i per poc temps.

 

"El somni d'una pàtria de paraules", de Josep Piera, editorial Bromera, Alzira, 2012

El soroll de la resta (Francesc Bodí)

Aquell dia la conversa havia sigut llarga i Bataller havia menjat massa i tenia cremor: primer incompliment greu del seu decàleg. Per això va decidir passejar més del compte. Va recórrer a bon pas el llit del riu esquivant bicicletes, partits de futbol que prolongaven espontàniament els límits de les pistes i corredors de fúting que esguitaven una pluja generosa de gotes de suor sobre els espectadors desconcertats. Després es va endinsar per les grans vies saturades de circulació, provant de no perdre el ritme en els passos de vianants. I finalment, quan es va adonar que potser havia forçat massa aquell cos malmés, amb una cremor insuportable que li pujava per l’esòfag, va provar de contrarestar el segon incompliment del seu decàleg minorant el pas i internant-se en els carrers tranquils del barri antic. Allà la vesprada va adquirir la perfecció d’un estereotip. El sol esbiaixava els carrerons en un joc de llums i ombres, una brisa suau atenuava la xafogor de l’estiu, les glopades d’humitat que exhalaven els portals de les cases velles eren compensades per les olors sintètiques d’alguns locals comercials, les restes de batalles alcohòliques de la nit anterior havien quedat recobertes per la pàtina de vestits de moda, cossos de gimnàs i cabells llongueras que exhibien els nous pobladors de les cases rehabilitades. València, la Ciutat de les Vesprades!, va pensar Bataller. La Ciutat de les Ciències, la Ciutat de les Arts, la Ciutat de la Justícia, la Ciutat de la Música... Tota aquella inflació de ciutats no eren més que barris diferents de la Gran Ciutat del Deute i la Hipoteca, eslògans massa gastats. Per què no la Ciutat de les Vesprades? Va ser en aquell moment, mentre pensava en les imatges que podien acompanyar aquesta frase, quan va notar la fiblada

 

"El soroll de la resta", pàgs. 10-11. Bromera, 2008

Els amants (Vicent Andrés Estellés)

La carn vol carn, Ausiàs March

No hi havia a València dos amants com nosaltres.

Feroçment ens amàvem des del matí a la nit.
Tot ho recorde mentre vas estenent la roba. 
Han passat anys, molt anys, han passat moltes coses.
De sobte encara em pren aquell vent o l’amor
i rodolem per terra entre abraços i besos.
No comprenem l’amor com un costum amable,
com un costum pacífic de compliment i teles
(i que em perdoni el cast senyor López-Picó)
Es desperta, de sobte, com un vell huracà,
i ens tomba en terra els dos, ens ajunta, ens empeny.
Jo desitjava, a voltes, un amor educat
i en marxa el tocadiscos, negligentment besant-te,
ara un muscle i després el peçó d’una orella.
El nostre amor és un amor brusc i salvatge,
i tenim l’enyorança amarga de la terra,
d’anar a rebolcons entre besos i arraps.
Què voleu que hi faça! Elemental, ja ho sé.
Ignorem el Petrarca i ignorem moltes coses.
Les Estances de Riba i les Rimas de Bécquer.
Després, tombats en terra de qualsevol manera,
comprenem que som bàrbars, i que això no deu ser,
que no estem en l’edat, i tot això i allò.

No hi havia a València dos amants com nosaltres,
car d’amants com nosaltres en són parits ben pocs.

+ info: Ovidi Montllor interpreta el poema

Els treballs perduts (Joan F. Mira)

Al mercat de Mossèn Sorell, que és una porxada de ferro i d’uralita, obrien ja les primeres parades, d’un furgó blanc dos homes vestits amb llargues ba­tes o gavardines verdes descarregaven mitjos porcs molt nets, tota la pell i el perfil de greix blanquís­sims i l’interior de color rosa i vermell de la carn, i els carnissers penjaven del coll pomells de pollas­tres grocs, madeixes de llonganissa tendra blanca i rosa, rodes de botifarres negres, de xoricets d’un roig vivíssim, molt purs són els colors de les carnis­series quan s’obren de matí i les carns estan sense estrenar encara, com les d’un infant grassonet o les d’una donzella florida, i enfront de les parades de carn i d’embotits, contra el mur blanc i gris d’una capella conventual, els verdulers escampaven orde­nadament hortalisses i fruites, producte del verger més abundós i ric d’Europa en tot el món conegut pel pas-doble universal que diu Valencia mit Blu­men und Apfelsinnen, etcètera, val a dir del jardí o paradís sempre verd que reguen la gran sèquia de Montcada i les set sèquies, Tormos, Mestalla i Rascanya, Quart i Mislata, Favara i Rovella, que són les sèquies mares filles del pare Túria, donant suc i fent fructificar la terra triada per Déu entre totes tal com va escriure Francesc Eiximenis ja fa sis-cents anys per abundor de pebreres verdes o pimentons, i de pebreres roges, albergínies lluentes, naps blanquís­sims, safanòria fina i remolatxa morada, etcètera, i així mateix per totes les verdors del julivert, col, lletuga, endívia pàl·lida, bajoques, bajoquetes, bajo­cons, a més del rave impúdic i la carxofa tímida, tot ordenat com és just i correcte per gèneres i espècies, si no era ací el lloc del paradís original ¿quin era? I en acabar les verdures, la venedora dels ous, dees­sa de la plaça, és alta i jove i el vestit negre li marca el cul exacte cintura estreta i dur pitram potent sota el davantal impol·lut emmidonat blanquíssim, i se­guim: tres collars o cadenetes d’or amb una creu i una medalla, i seguim: la cara plena maquillada per­fecta els llavis rojos esclatants el cabell negre lluent estovat en amples ones, reparteix els ous en un ex­tens tauler d’escacs fent quadres bruns i blancs se­gons el color de la corfa, segura dels moviments dels seus dits de llargues ungles pintades.

Els treballs perduts (1989). Fragment del capítol I, «El lleó».  Pàgs. 18-21.

+ info: http://www.joanfmira.info/index.php

Els treballs perduts (Joan F. Mira)

Al mercat de Mossèn Sorell, que és una porxada de ferro i d’uralita, obrien ja les primeres parades, d’un furgó blanc dos homes vestits amb llargues ba­tes o gavardines verdes descarregaven mitjos porcs molt nets, tota la pell i el perfil de greix blanquís­sims i l’interior de color rosa i vermell de la carn, i els carnissers penjaven del coll pomells de pollas­tres grocs, madeixes de llonganissa tendra blanca i rosa, rodes de botifarres negres, de xoricets d’un roig vivíssim, molt purs són els colors de les carnis­series quan s’obren de matí i les carns estan sense estrenar encara, com les d’un infant grassonet o les d’una donzella florida, i enfront de les parades de carn i d’embotits, contra el mur blanc i gris d’una capella conventual, els verdulers escampaven orde­nadament hortalisses i fruites, producte del verger més abundós i ric d’Europa en tot el món conegut pel pas-doble universal que diu Valencia mit Blu­men und Apfelsinnen, etcètera, val a dir del jardí o paradís sempre verd que reguen la gran sèquia de Montcada i les set sèquies, Tormos, Mestalla i Rascanya, Quart i Mislata, Favara i Rovella, que són les sèquies mares filles del pare Túria, donant suc i fent fructificar la terra triada per Déu entre totes tal com va escriure Francesc Eiximenis ja fa sis-cents anys per abundor de pebreres verdes o pimentons, i de pebreres roges, albergínies lluentes, naps blanquís­sims, safanòria fina i remolatxa morada, etcètera, i així mateix per totes les verdors del julivert, col, lletuga, endívia pàl·lida, bajoques, bajoquetes, bajo­cons, a més del rave impúdic i la carxofa tímida, tot ordenat com és just i correcte per gèneres i espècies, si no era ací el lloc del paradís original ¿quin era? I en acabar les verdures, la venedora dels ous, dees­sa de la plaça, és alta i jove i el vestit negre li marca el cul exacte cintura estreta i dur pitram potent sota el davantal impol·lut emmidonat blanquíssim, i se­guim: tres collars o cadenetes d’or amb una creu i una medalla, i seguim: la cara plena maquillada per­fecta els llavis rojos esclatants el cabell negre lluent estovat en amples ones, reparteix els ous en un ex­tens tauler d’escacs fent quadres bruns i blancs se­gons el color de la corfa, segura dels moviments dels seus dits de llargues ungles pintades.

Els treballs perduts (1989). Fragment del capítol I, «El lleó».  Pàgs. 18-21.

+ info: http://www.joanfmira.info/index.php

Jardins de Vivers (Isabel García Canet)

Quina embriaguesa desproveeix de rostre l'ombra?
Quina mesura neda en les ampolles dels ossos?

Coberts d'ignomínia els ulls del jove
berenen la vesprada mentre el vell del banc
menja el iogurt amb cullera de fusta
i pensa l'arbre, l'artesà que ha fet possible
asseure's a l'estona, el ritme amb què s'acosta
el braç, la llet a la boca.
Qui cega el vol del verd?
Carrerons geomètrics, siluetes humanes
sense atributs de persona.

Del llibre "Claustre", 2006, Tres i Quatre

+ info: http://ca.wikipedia.org/wiki/Isabel_Garc%C3%ADa_i_Canet

 

 

Joc de daus (Josep Piera)

He travessat el jardí del riu pel pont de Calatrava, i, com sol passar-li a qui recorre una ciutat coneguda en altres temps i on ha viscut, també en altres temps, pense en aquells anys en què aquest caixer del Túria era reivindicat com un jardí urbà, no com una autopista que volien els altres, en nom del progrés. Per sort, aquella batalla, com la de salvar l’estació del Nord, una joia de l'arquitectura modernista, va ser guanyada pel bon gust, no per la barbàrie. Fa goig veure com d’aquells aldarulls il·lusionats, més combois que combats, si més no per als joves, van eixir idees realitzades bellament. Tot això, gràcies als entusiasmes socials i civils d’un moment. Essent un jardí, a més, el llit del riu ha mantingut altres usos, com el de traure els animals de companyia a passejar, i que així puguen satisfer les necessitats en un entorn amablement natural.
Som Europa? Ho semblem.

 

"Joc de daus", de Josep Piera, Ed. 62, Barcelona, 2012

La Finca Roja (Manuel Sanchis Guarner)

Entre els nous arquitectes valencians -Enric Viedma i Joaquim Rieta, principalment- tingué molta acceptació l’estil arquitectònic holandes De Stijl. La Finca Roja (al carrer de Jesús, llavors suburbà) és l’única rèplica valenciana a les barriades obreres de la Viena socialista coetània, i l’edifici més notable de la de la ciutat de devers el 1930. Obra de Viedma, el seu nom popular de Finca Roja, obeeix al color vermell dels atovons i rajoles de què estan fets els seus murs i la major part del dels seus ornaments. La Finca Roja és una illa sencera, una gran casa entre quatre carrers perpendiculars, amb un gran espai verd interior per tal de fomentar la vida comunitària d’una cèl·lula micro-urbana aïllada de la trama viària, una bella manifestació de populisme que brindava modernitat i confort als petits burgesos estadants.

 

La ciutat de València (1971)

 

finca_roja

La Llotja del Cabanyal i altres cases (Carles Dolç)

En la primera dècada del segle vint, en paral·lel a la línia blava del mar, s’alcà un edifici que serviria de llotja dels pescadors. La població del Cabanyal se l’estima. Ocupa la penúltima illa abans de la platja. És una d’eixes illes rectangulars i llarguerudes que miren al Mediterrani, tan característiques de la trama urbanística del barri. Les façanes llargues de la Llotja donen al carrer d’Eugènia Viñes i a una plaça mal resolta que s’anomena dels Homes del Mar. Es tracta d’un edifici desconegut per a la resta de València però emblemàtic en la història recent del Cabanyal. Passejant per Eugènia Viñes pot passar desapercebut, però no si es veu des de l’altra cara, la de ponent, la que dóna a la Plaça, on té una façana més vistosa.

La Llotja fou promoguda per la Marina Auxiliant, una entitat que podríem considerar successora dels antics gremis. Amb l’avanç de la línia de costa cap a llevant (la posició del Port fa que s’acumule sorra en les platges del nord) el Cabanyal havia guanyat terreny al mar, el que va permetre pensar en la construcció de noves vies paral·leles a la trama longitudinal d’illes. Per a edificar-hi es va fer una concessió pública a la Marina Auxiliant, fent ús de la “Ley de Puertos” d’aleshores i d’una figura jurídica semblant al que huí coneixem com a dret de superfície.

La Llotja fou projectada pel mestre d’obres Joan Baptiste Gosálvez Navarro, el qual treballà molt activament durant dècades al Marítim (el seu fill Víctor estudiaria arquitectura i arribaria a degà del Col·legi d’Arquitectes de València). L’edifici es va inaugurar el 1909 i fins 1936 funcionà com a Llotja de peix, tot i que els seus avatars serien diversos. Conten que provisionalment feu d’hospital de ferits a la guerra del Marroc. Amb posterioritat a la Guerra d’Espanya derivaria a ser usat com a bloc d’habitatges, amb una esporàdica utilització per a les obres de conversió missionera en el context catolicista dels anys quaranta. Aquestes dades ens poden fer albirar el seu protagonisme en la història del Cabanyal i ens parlen de la versatilitat que permet l’edifici.

En realitat estava concebut per a ser llotja i magatzem de “efectos relacionados con la industria de la pesca”, però la seua distribució en departaments independents on cada pescador guardava les seues eines, xàrcies, etc. va permetre una progressiva reconversió en vivendes, que és la seua utilització actual.

 

Article publicat a l’edició valenciana d’El Pais (4/2/1999).

La via del tren separava la ciutat asfaltada (Lluís Roda)

És cert que fores, però a qui li interessa?
És teu només, el record.
Mira-ho bé i tira-ho, a ningú li farà cap falta...
Ni tu mateix te’n recordaves.

La via del tren separava la ciutat asfaltada. A l’altra banda, no hi havia res. Un descampat, un solar, escombraries. Enderrocs, una séquia, una claveguera. Fang i pols i pedres. Herba i camps esparsos. Entre naus i fusteries i tallers. I bars, alguns de putes. I un enorme pal o bastida elèctrica, enmig de tot allò. Un home havia sigut trobat mort penjat dels cables d’alta tensió. La propietària del bar de putes, i l’única cambrera que recorde, era una dona gran, o m’ho semblava, amb faldilla curta i botes, cabell ros o platí, amb uns pits punxeguts. Literalment, acabats en punta. A les tres de la vesprada, el bar ja era obert. L’obríem nosaltres cada vegada que passàvem, puntualment, en anar a escola. Déiem puta i pegàvem a fugir. Després ens aturàvem per veure si eixia, sempre eixia. I la véiem. A vegades hi havia algú dins. Sempre pensàvem que estava fent-ho. A vegades deixava, o restava, la porta entreoberta. I passàvem a poc a poc, una i altra vegada. Fins que la tancaven. Si anava sol, passava de llarg com si res. Era de vidre opac de colors diversos: roig, blau... Un dia tancaren el bar, i en posaren un altre, amb vidres transparents pintats. Recorde el dia que els pintaven: Bocadillos – Tapas variadas, amb una clòtxina i una gamba dibuixada. No tenia cap interés. Era al costat del carrer de Granada. Uns mesos després asfaltaren el carrer.

 

Del llibre "Elogi de la llibertat", 2001, Bromera

Podeu escoltar la versió musicada que n’ha fet el grup Gent del desert al disc "Molles" (2009)

Madinat-At-Turab (Marc Granell)

Estesa sota el sol despietat del migdia
enllà lluny et contemple, ciutat de la vergonya
ciutat de fang fet falsa esplendor de misèries
amagades sota el fum del foc de l’artifici.
Ciutat de serps i rates coentes i terribles,
per tu passeja lliure la ignomínia més fonda
i rep la traïció homenatge cada dia
dins els cors bondadosos dels teus fills estimats.
Has venut la memòria com qui ven taronges
per un plat de llentilles podrides que et foraden
el ventre a poc a poc com metralla fins a obrir-te
soterranis de fel on pul·lulen les panteres.
En tu he nascut i en tu visc i per això t’estime
i per això t’odie amb el fàstic més roent,
tomba perfecta i desolada que lluny contemple
al sol estesa, mort de desig i viu d’horror.

Del llibre "Corrent de fons" (1999)

+ info: Marc Granell a la wikipedia

Rafa Xambó interpreta el poema. Al seu web hi explica que el títol fa referència al “nom en àrab de la ciutat de València”. I afegeix que “es tracta d’un poema de Marc Granell, potser el més important poeta viu de la poesia valenciana escrita en català. La cançó pretén ser una oració fúnebre i pagana dedicada a la ciutat de València, amb les seues mesquineses i horrors, des d’una passió irrefrenable”

Maig (Ignasi Mora)

-Quina hora és?
-Sobre las doce -em va dir un amb cara de porc
Estava decidit a passar-me recolzat en aquella paret tantes hores com calguera. Perquè damunt m'agradava aquell lloc. Millor dit, m'agradava sentir-me un més pels carrers de València. O siga que no et conega ningú. A Gandia no pots fer un pas sense que et detecte algun conegut. Encara que t'amagues en el racó més amagat de tots. En tots els cantons et troben, si no és ton pare o ta tia, és un amic o una miga de ton pare o ta tia, si no es un cosí o una cosina, és l'amic o l'amiga del cosó o de la cosina, sempre algú en definitiva. És com un camp de concentració o una presó: mai no deixes de tindre uns ulls vigilants clavats en el bescoll. Ni les formigues en fila índia viuen tan controlant-se les unes a les altres. T'encens un canut o et poses a follar ací o allà, i de seguida s'obri la porta, la finestra, la persiana, què sé jo, del forat més increïble t'apareix algú. Algú que et vigila, clar.
A València, en canvi, ni et miren. La gent passav per davant meu com si passara per davant d'un gos, sense ni sentir ni pensar que jo m'havia apalancat allí, esperant l'eixida de maig. Era invisible. Més tranquil, impossible. Ningú no se la vol jugar, perquè la teua mirada pot set l'espill de la mirada dels altres. Quan penses que l'altre té cara d'assassí o de lladre o de malparit cent per cent, l'altre tabé pot pensar que tu tens cara d'assassí o de lladre o de malparit cent per cent. «Alerta, més val no mirar a ningú!», és, com si diguérem, la consigna pels carrers de València.

 

"Maig", d'Ignasi Mora, pàgs. 47-48, editorial Moll, Palma, 2006

Malva-Rosa (Isabel Garcia Canet)

Ara que t'he perdut, ciutat bressol
habite les teus carrers que m'han fet créixer:
converses als matins, somriures clars com l'aigua
que busquen mar endins boies i mots de barri.
Ara que t'he perdut nous bàrbars et conquisten,
flotants d'ànima i seny dins els vaixells de vela.
T'han ferit amb les grues els pits, les olors,
t'han segat els canyars, les flaires de la tarda.
On deixarem els mots que naixen a l'abril,
si el vent els arrossega contra les llengües noves?
On menjarem el peix de la tornada, el pa,
la tomaca i la sal, si ja no tenim horta
ni els gats que alimentàvem?
Vindrà l'agost i menjarem espines,
voldrem un somni nou, no una mar de regates.
Si et vens a pes, Malvada-Rosa sigues,
retorna amb ritme lent a un temps sense medalles.

Del llibre "L'ós de la música", 2011, Tres i Quatre

+ info: Isabel García Canet a la wikipedia

Plaça Rodona (Albert García i Hernández)

Tots els carrers porten queviuresplaça redona
a la mare assetjada,
al cos envellit, al sentit
caigut de l’existència.
Al matí, estrangers;
al migdia, desconfiança;
al vespre, penjoll de teixits
i colors de ceràmica;
i a la nit, caminants perduts
que sempre retroben la plaça.
I si no té prou amb fragments de festa,
omplin d’ocells engabiats
i de lleure gandul la captiva que resisteix encara.

 (De “Les places”, Edició l’autor, València, 2002)


Quan la lluna escampa els morts (Esperança Camps)

Ha començat a ploure.

Busca l’horitzó però no el troba perquè fa anys que va desaparéixer de la Coma. Se’l van endur, com les canonades de plom dels pisos deshabitats, com els tobogans del parc, com l’olor del Carlos. Hauria d’estar contenta perquè tornarà a estar amb ell, però ja s’ha acostumat a no tocar-lo. Se sent còmoda amb l’evocació, amb el fet de pensar en passat al seu costat. Còmoda i alleujada, però incapaç de pensar en el futur. El tuf ranci del seu promés ja és un record arrugat, i li fa molta mandra reconstituir-lo, convertir-lo una altra volta en present, arreplegar-lo del fons de la paperera i intentar planxar-ne els plecs per deixar-lo com abans, intacte. Algunes de les arrugues són tan profundes que li semblen avencs insalvables. Les poques cartes que li arriben des de Quatre Camins no fan cap olor, ni tan sols a la cola del segell de correus. Les té guardades dins una capseta de cartó que va comprar en els vint duros.

 

Esperança Camps. “Quan la lluna escampa els morts”, 2004, Edicions Bromera

Societat i arquitectura a la València republicana (Just Ramírez i Carles Dolç)

València també és un cas particular: ciutat semiindustrial, centre d’unes pròsperes comarques agrícoles, capital de negocis d’un país escassament vertebrat. La República arribà després d’una ona urbanitzadora que havia començat el darrer terç del segle XIX, precisament el període en el qual s’havia afirmat la capitalitat comercial. Els anys vint i trenta coneixeran un fort creixement demogràfic, expressió de desenvolupament però també de conflictivitat.

La ciutat s’havia mogut en la dualitat política. D’una banda, el conservadorisme de les forces burgeses, adaptades a un sucursalisme que expressava tant una incapacitat d’innovació com l’absència de contradiccions importants amb la política econòmica practicada per Madrid. D’altra banda hi ha el blasquisme, una força sense dubte popular, però també dins els esquemes burgesos, la radicalitat verbal de la qual anava emparentada la seua indeterminació programàtica més enllà del republicanisme. Entre uns i altres, València veu tancat l’avanç de les forces polítiques i el desenvolupament del nacionalisme.

...

Mentre hi arrela una avantguarda intel·lectual i artística de relativa importància (amb noms com a Renau), la República influí epidèrmicament sobre l’arquitectura i la configuració urbanística. La pell de la ciutat es mudà en moltes façanes als anys trenta, però almenys provisionalment cal dir que els canvis en l’ànima urbana no foren profunds.

 

"Societat i arquitectura a la València republicana", Carles Dolç i Just Ramirez

Societat limitada (Ferran Torrent)

A diferència de la burgesia catalana, delerosa per seure en una llotja del Liceu, els empresaris valencians han tingut i tenen en la cacera el signe de distinció social. L'empresari valencià, també, ha preferit sempre les putes a la tradicional querida. Una qüestió de pragmatisme: les querides compliquen la vida i al llit no són tan professionals, el que pugues pagar amb diners  t'ho estalvies en maldecaps. Premissa important en un teixit empresarial on els negociants i vividors són més que visibles.

Juan Lloris Martorell és un dels empresaris valencians més importants. En volum econòmic, almenys. Des que era adolescènt Lloris sempre fou caçador, afició que va heretar del seu pare. Abans, però, quan el cognom Lloris només era un llinatge corrent, caçava amb una escopeta de claus del setze durant l'última setmana de la temporada, quan els senyorets deixaven caçar als pobres. Tanmateix, ara tenia una Scott, una escopeta paral·lela amb canó de setanta-tres mil·límetres i d'una estrella (pròpia per a caçar ànecs, donat l'abast de la tirada). Ara, Juan Lloris posseïa un vedat privat. I un arma feta a mida que li havia costat quatre milions de pessetes a la casa Pourcey, de Londres. Tirar amb una Scott era com conduir un Rolls Royce. Hi havia Scotts de quatre, de huit, de deu i fins i tot de dotze o catorze milions de pessetes, com havia Rolls de diversos preus que no per això deixaven de ser Rolls. La marca marcava les diferències.

 

Societat limitada (2002), pàg. 7

+ info: http://www.ferrantorrent.com/ca

 

albufera

Societat limitada 2 (Ferran Torrent)

El carrer Montecarmelo és al barri de Torrefiel. La galta esquerra del carrer té una renglera de cases, a la dreta edificis amb pisos ocupats per emigrants espanyols que vingueren a València a partir de la dècada dels seixanta. Torrefiel és un barri poblat, majoritàriament, per famílies d'extracció social obrera barrejades amb una fornada de parelles joves que s'hi instal·laren als anys noranta. Per a qui viu al centre de la ciutat, i fins i tot per a la gent dels pobles del voltant, Torrefiel és el cul del món. El major caos especulatiu del marge esquerre del llit del Túria, riu que, en èpoques passades, dividia socialment València. Al sud del riu hi havia la València clàssica; a la banda esquerra, la València nova, ocupada per emigrants i altres col·lectius que trobaven als barris perifèrics domicilis a l'abast de les seues possibilitats econòmiques. Com gairebé tots els barris perifèrics, a hores d'ara Torrefiel era, socialment, una zona híbrida.
 
Les casetes de la galta esquerra del Carrer Montecarmelo, ara deshabitades, les havia comprades Juan Lloris. Les va adquirir l'any 1995 amb la intenció de construir un edifici amb pisos d'una categoria superior a l'existent al barri. Lloris esperava que el barri estiguera més ben comunicat –la futura Ronda Nord, que estava previst que enllaçara amb la Biblioteca Valenciana de Sant Miquel dels Reis i, per la part sud, amb el centre estricte de la ciutat, passaria prop del carrer– per començar a construir, o bé, en cas contrari, vendre i aconseguir una plusvàlua important. No tenia pressa. A València, una ciutat que creixia en conflicte permanent amb l'horta que l'envoltava, el més adequat era adquirir solars o terrenys dins la ciutat.

"Societat limitada", pàgs. 83-84, 2002, Columna

+ info: http://www.ferrantorrent.com/ca

Una ciutat encara prou provinciana (Manuel Sanchis Guarner)

En el segon decenni del segle XX la vida en la ciutat de València conservava encara molts aspectes tradicionals, que li donaven un to bastant provincià.
Malgrat els progressos tècnics i econòmics i la insurgència de les classes modestes, de fet la societat continuava molt jerarquitzada encara. Les diferències socials es posaven ostentosament de relleu, no sols en la manera de vestir -ús freqüent de levita i copalta pels burgesos, i general de brusa i espardenyes pels menestrals i proletaris-, sinó també per l'idioma -el castellà era el signe distitntiu de les classes dirigents, i el valencià propi de les populars.
Pel matí, els carrers de la ciutat s'omplien de llauradores de l'Horta que hi duien les seues vaques i les munyien a les portes de les cases dels clients, puix que la llet era venuda al consumidor sense cap intermediari; amb el mateix objecte acudien petits ramats de cabres, els quals reapareixien a la vesprada. també a bona hora del matí visitaven els fematers -que eren uns llauradors particulars- les cases privades, i en el seu carro s'enduien el fem directament. Els venedors i venedores i els adobadors ambulants -formatgers, allers, peixaters, cebers, cacauers, orxaters i drapaires, cadirers, esmoladors, granerers, estorers, matalafers, llanterners, etc, etc.- recorrien els carrers carregats amb la seua mercaderia o els atifells del seu ofici, i cantant el seus crits característics
La ciutat de València (1971)

València (Vicent Alonso)

T'he vist, ciutat estimada, queixar-te de tants oblits sense raons que em costa tornar als ulls innocents d'altres dies. Llavors, cada matí et creuava des del Pont de Fusta al carrer sant Pau: respirava els teus secrets i em guardava, zelós, tots els petits tresors que m'oferies.

Ara que lluite contra els silencis que el record prolonga, em pregunte si és realment teua, la queixa, o si serà el tribut que he de pagar des de les meues servituds, dels mots i d'altres esperances.


Si en dubte, és perquè m'agrada contemplar-te des de la llum que no et fereix, des de l'angle que et redueix a una plaça humil amb silencis de geranis i amics ben a la vora o des del somni que et fa créixer sense traïcions, a la mida exacta dels mots que podrien salvar-te.


Però, ni que fóra perquè m'encega el delit d'afaiçonar-te i venjar-me, et voldria sempre així, des de la soledat dels crits que compartim, des dels secrets innocents que el temps rescata.


T'he vist, ciutat estimada, queixar-te de tants oblits sense raons que ja no sé si és dolor el dolor del teu crit ni si paga la pena esmerçar un sol instant a dir-te i a creure't des del temps que ja no és i que ara em deixa el regal obstinat de totes les memòries.

 

(Del "Clam de Jasó", Eumo-Cafè Central, Barcelona, 2002)

 

 

València per a veïns i visitants (Joan F. Mira)

(...) Per la placeta oberta vora riu, al cantó de l’església trista i grisa dels Templers. On hi ha el raquític jardinet trepitjat i ple de pols i de papers i amb algun oblidat monument al centre. Com eren tots els pocs jardinets de la ciutat intramurs. Sense flors. Per carrerons on ciutadans grans i menuts, els d’immemorial i els que no han deixat cap memòria ni en deixaran, dormien el son de la seua història passada o encara per venir, balança de vacil·lant destí. Carrer de l’Almirall on des d’una finestra del palau guaitava amb casaca brodada el príncep de Cardona i del Sacre Imperi, almirall i lloctinent de l’arxiduc Carles d’Àustria, mort a l’exili vienès, acompanyat ací d’altres Cardona, de cos absent en altres finestres del palau, almiralls més antics d’estols mediterranis de galeres contra el turc de l’orient, o almiralls després de marines desfetes contra els assalts de tots els pirates de llevant i ponent, de mar i de terra. Mentrestant el poble menut corria a les portes de l’Almodí a demanar blat per a moldre, perquè sabien que a boca de nit havien arribat al Grau vaixells carregats de Sicília, els vicaris i els beneficiats de Sant Esteve, en veure que pujava l’avalot, s’espantaven i barraven les portes de l’església, quan tombàvem pel cantó del carrer del Comte d’Olocau, després pel casalot enorme del vell seminari abandonat, pel carrer del Salvador, de l’Herba, de la Llenya i del Pes de la Farina, descabdellant el fil d’Ariadna del laberint nocturn. Pensant quant de ferro ha forjat o ha fos en motle aquesta ciutat nostra per tal de fer-se’n reixes i balcons, Déu meu. Balcons més antics i severs de barrons rectes i amb taulellets verds i blancs a sota. Per la Concòrdia, Frígola i el Portal de Valldigna. Balcons amb barra cantonera coronada amb pinya i amb jocs de flors i de fulles de ferro. Pel Rellotge Vell, Juristes, Bany dels Pavesos, carrer de Catalans, carrer de Valencians. Balcons amb baranes curtes i balconades llarguíssimes seguides i rectes com un camí elevat damunt de la vorera, ocupant en línia recta la meitat del carrer del Trench. Reixes de finestra panxuda prenyades de tota la casa. Per Cadirers, Calderers. Reixes de branquetes d’arbre, de fullam, caragols, pinyes, de barronets creuats i retorçuts. (...)

València per a veïns i visitants (Joan F. Mira)

(...) Per la placeta oberta vora riu, al cantó de l’església trista i grisa dels Templers. On hi ha el raquític jardinet trepitjat i ple de pols i de papers i amb algun oblidat monument al centre. Com eren tots els pocs jardinets de la ciutat intramurs. Sense flors. Per carrerons on ciutadans grans i menuts, els d’immemorial i els que no han deixat cap memòria ni en deixaran, dormien el son de la seua història passada o encara per venir, balança de vacil·lant destí. Carrer de l’Almirall on des d’una finestra del palau guaitava amb casaca brodada el príncep de Cardona i del Sacre Imperi, almirall i lloctinent de l’arxiduc Carles d’Àustria, mort a l’exili vienès, acompanyat ací d’altres Cardona, de cos absent en altres finestres del palau, almiralls més antics d’estols mediterranis de galeres contra el turc de l’orient, o almiralls després de marines desfetes contra els assalts de tots els pirates de llevant i ponent, de mar i de terra. Mentrestant el poble menut corria a les portes de l’Almodí a demanar blat per a moldre, perquè sabien que a boca de nit havien arribat al Grau vaixells carregats de Sicília, els vicaris i els beneficiats de Sant Esteve, en veure que pujava l’avalot, s’espantaven i barraven les portes de l’església, quan tombàvem pel cantó del carrer del Comte d’Olocau, després pel casalot enorme del vell seminari abandonat, pel carrer del Salvador, de l’Herba, de la Llenya i del Pes de la Farina, descabdellant el fil d’Ariadna del laberint nocturn. Pensant quant de ferro ha forjat o ha fos en motle aquesta ciutat nostra per tal de fer-se’n reixes i balcons, Déu meu. Balcons més antics i severs de barrons rectes i amb taulellets verds i blancs a sota. Per la Concòrdia, Frígola i el Portal de Valldigna. Balcons amb barra cantonera coronada amb pinya i amb jocs de flors i de fulles de ferro. Pel Rellotge Vell, Juristes, Bany dels Pavesos, carrer de Catalans, carrer de Valencians. Balcons amb baranes curtes i balconades llarguíssimes seguides i rectes com un camí elevat damunt de la vorera, ocupant en línia recta la meitat del carrer del Trench. Reixes de finestra panxuda prenyades de tota la casa. Per Cadirers, Calderers. Reixes de branquetes d’arbre, de fullam, caragols, pinyes, de barronets creuats i retorçuts. (...)

Vides desafinades (Xavier Aliaga)

Sóc relativament prop de casa. Refaig a peu el camí de tornada, travessant els carrers del centre històric de la ciutat, Velluters i el Carme, amb gent que camina en direcció al nus de l'oci. Encara no conec bé el terreny que trepitjo, em perdo, faig voltes que em serveixen d'estranya visita turística: bars i pubs oberts, solars, cases reformades, enderrocades, a punt de caure, foscor, murs amb grafits, putes massacrades, putes joves, putes mestresses de casa, putes negres, putes romaneses, balcàniques, noies impressionants, noies grasses, noies de bellesa esvaïda, noies lletges com el cul d'un mandril, policies locals, de la nacional, palaus lluents, carrers deserts, vies atapeïdes, fem amuntegat, greixum immemorial, brutícia recent, vomitades a les cantonades, punkies i okupes barrejats amb ionquis i indigents, negres enormes, sud-americans de metre i mig, executius en mànigues de camisa, dones enjoiades de cabells tenyits, edificis oficials, cotxes aturats, cotxes mal aparcats, cotxes en moviment, automòbils que escupen crits estúpids, o música alineant, nècia, melodies per a cretins... Poc abans d'arribar a casa un camell magrebí m'ofereix haixix. En una plaça propera al pis, una abundosa jovenalla antisistema de mocadors palestins, trenes i pantalons amples fa botellón i fuma canuts com si la vida al planeta s'hagués d'extingir demà.

 

"Vides desafinades", de Xavier Aliaga, Ed. 62, Barcelona, 2011.